domingo, 24 de febrero de 2008

Crónica de unas mini vacaciones que trajeron cola..... y cuanta cola! (Parte II)


Si, la diversión estaba asegurada. Hicimos la gran: invitar al amigo del amigo del amigo para repartir gastos y realmente funcionó. Nos reunimos 10, una verdadera mezcolanza. 10 mujeres solas en Gualeguaychu (que desperdicio).
Luego de llegar al hostel y verificar que la ley de Murphy una vez más se había cumplido, optamos por relajarnos un par de horitas para reponernos de las 6 ó 7 que duró el pequeño trayecto de 320 km.
Subimos al primer piso dónde se encontraban las habitaciones ya sin la ilusión de compartir el lecho con los turistas extranjeros, pero si contando con la suerte (suerte para la desgracia) de poder dormir todas juntitas.
Pero no (por tercera vez en menos de 24 horas), todas las habitaciones estaban ocupadas y tuvimos que dividirnos en grupos reducidos de 2 a 3 personas para invadir la privacidad de las otras hospedadas que al igual de nosotras deseaban un fin de semana a puro jolgorio.
Nos apropicuamos a las habitaciones que nos habían tocado al tun tun y luego de pasar algunos obstáculos (si Naty Garcia la cama estaba muy arriba no vos muy abajo), conciliamos el tan esperado sueño.
Qué habrán soñado? no lo sé, pero admito que esperaba ver alguna caraculica, esas que nunca faltan a la mañana. Pero no (y ésta vez el NO va con fuerza!) estaban todas de buen humor. Sorprendente no?
Claro que siempre pasa algo que te opaca el buen momento. Como a Silvi ¿Qué es lo peor que le puede pasar a la mañana? Si justo eso, que un pelilargo engreído le usurpe el baño por casi 40 minutos!!!
Mate va, mate viene decidimos ir a cumplirle el sueño a Vane: llevarla al corsodromo. Y así fue, al corsodromo fuimos.
Luego de la visita guíada y demás menesteres que nos ocuparon toda la nublada mañana volvimos al hostel a comer.
Habían pasado unas cuantas horitas del día y todo iba de maravillas. No es que quiera nombrar a cada rato a mi amigo Murphy ni que tenga una especie de platonismo con él, pero lamento decirles que él fue el pasajero número 11 de este viajecito.
Ahí estaba Sol blanca como un papel, mientras nuestra futura medica Manu la asistía luego de un confuso episodio (dónde hubo muchas risas, algunas medio malvadas) en el que se engancho un dedo con la reposera. Y si señores, el diablo siempre mete la cola. El diablo Vane, entendiste? el diablo.
Pero gracias a Dios o gracia` a vo`, siempre hay una mano salvadora que aparece en ese momento y te destraba el dedito mocho...

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